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El Barbero del Congreso - Petusco - 08-11-2012

Una charla con el barbero que peina a demócratas y republicanos


Damií  S. Bonmatí­ Washington, 4 nov (EFE).- El barbero Nurney Mason tiene 82 años, lleva tres décadas trabajando en la misma peluquerí­a y cumple a rajatabla un principio para evitar problemas: escuchar mucha polí­tica en su horario laboral, pero evitar comentarla. "Intento mantenerme al margen de la polí­tica", confiesa a Efe con la boina puesta. Corta el pelo, afeita y peina sin distinción a republicanos y demócratas en la barberí­a del Congreso de EE.UU., la institución legislativa que reúne a la Cámara de Representantes y el Senado del paí­s. Se declara "muy interesado" por los comicios estadounidenses de este martes: "Es la más tensa y reñida elección que jamás he presenciado", explica este barbero afroamericano, con poco trabajo a la espera del nuevo curso polí­tico. El martes los estadounidenses eligen al próximo presidente del paí­s, pero también a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio del Senado, dos votaciones claves para el futuro polí­tico de la nación. Con la Cámara de Representantes actual de mayorí­a republicana y el Senado demócrata, los resultados del martes determinarán si el Legislativo será un aliado para la Casa Blanca o un freno para sus polí­ticas, como ha experimentado el presidente Barack Obama desde 2010. "Se notó el cambio de ambiente polí­tico en 2010", añade el barbero y, cuanto más se acerca el 6 de noviembre, "todo el mundo está más tenso y hay mucho nerviosismo". Aunque camina a doce pasos el minuto, se mantiene impasible de pie detrás de las sillas giratorias de metal que toda "barberí­a" necesita para no ser tachada de "peluquerí­a". Es un local a la antigua, de esos en los que el cliente se corta el pelo en calcetines para no mancharse los zapatos embetunados. "A veces no sé si son demócratas o republicanos, tengo que ir con mucho cuidado cuando les hablo, sobre todo hasta que confiesan de qué lado están", revela con la pillerí­a intacta. Nacido en la costa de Virginia pero residente en la capital desde hace más de medio siglo, el barbero Mason cuenta que los congresistas hablan mucho de polí­tica y que abren debates entre conservadores y progresistas en este local repleto de retratos firmados por antiguos miembros del Congreso y algún calendario subido de tono. Cree que un barbero y un polí­tico se parecen más de lo que se percibe a primera vista: "Ambos nos relacionamos con la gente; tienes que saber ganarte a la gente, tratar con diferentes tipos de caracteres, tener templanza y... ¡ saber recibir insultos!". Defiende el trabajo de sus compañeros de edificio en un momento en que el nivel de aprobación del Congreso en Estados Unidos ha caí­do a mí­nimos, a un 20 % esta última semana, según Gallup. Mason, que repite que se mantiene al margen de las riñas polí­ticas, deja entrever sus simpatí­as ideológicas cuando habla de historia. "El gran cambio fue en 1994, cuando los republicanos ganaron la Cámara (de Representantes) por primera vez en cuarenta años y hubo mucha diferencia. Lo primero que hicieron fue privatizar las tiendas del Congreso, la oficina de correos, las barberí­as...", recuerda. Cuarenta años atrás habí­a cuatro barberí­as en la institución; al entrar Mason quedaban dos y ahora sobrevive una, que también perdió clientes desde que los ataques terroristas de 2001 multiplicaron las medidas de seguridad y ahuyentaron a los transeúntes que vení­an de la calle para poner su "look" al dí­a. Por eso ahora, en este negocio poco frecuentado por mujeres y mucho por congresistas que se marchan los fines de semana a sus estados de origen, hay ofertas por debajo del precio de mercado: 15 dólares el corte básico. Eso sí­, pese a sus guiños demócratas, el barbero Mason admite que los polí­ticos son generosos con las propinas. "Y por ambos lados", subraya. EFE dsb/jms/av