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Geometría de una gota de ámbar
#1

Como saben, ya no hago jabones sólo para afeitar, los hago para contar historias. Esta que sigue está inspirada durante y para la creación de un jabón de afeitar para Francesco, nuestro Lodrino. Es un capítulo más de la vida increíble de Francisco Carbonell. Un poco extenso, pero yo sé que a Francesco le gustan las historias largas. No están obligados a leerla de un tirón. Como tampoco es preciso aclarar que todas las situaciones relatadas, los personajes y la documentación que se aporta, son enteramente ficticias. Excepto aquello que no lo fuere. Si deciden seguir, les agradezco su interés. Pero no se dejen engañar. Un conocido mío sostiene que la literatura, el arte y la magia, tienen en común hacer parecer como cierto lo que es imposible. Vamos allá.

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Barcelona, 21 de noviembre de 2020.

- Pero en la ficha pone “ con mosquito ” y esto no lleva mosquito..

- Mire, yo no sé lo que dice la ficha, ni si la ficha es de esta caja. 150 euros, lo toma o lo deja.

- Si, es la misma caja y la misma ficha, mire aquí lo pone: caja 71-760-1967. Pero además faltan tres libros, según la ficha.

- Y dale con la ficha, que pesado con la ficha.

- Y el mosquito es muy importante, es por lo que vale más…

- Mire, márchese, que es usted muy pesado. Qué mosquito, qué mosquito…yo si que me estoy mosqueando.

- Vale, tranquillo amigo. 60 euros.

- 80 euros, pero por no oirle más.

- Es muy caro por unos jabones viejos, no sirven ya.

- Serán viejos, pero están nuevos. Huela, huela…

- De acuerdo, 80 euros.

………………………………………………………………………………………

Llegué a Barcelona a finales de septiembre de 1943. Daniel Mangrané me esperaba en el andén de llegadas de la Estación de Francia, todavía con las cicatrices de la metralla en algunas de sus paredes. Daniel no había cambiado en los últimos años, y como yo, tampoco aparentaba su auténtica edad. Sólo había una explicación para que un ex-diputado republicano pudiera tener, en plena dictadura del General Franco, tanto respeto y influencia. No sólo era un inteligente industrial, era una persona de una cordialidad y bondad inusitadas, que hacía décadas que dedicaba todas sus ganancias a su Fundación para ayudar a los obreros y gente necesitada.

- Vuelves a tu ciudad, querido amigo. Bienvenido. Tengo entendido que tuviste problemas en Praga.

- Nada, no fue nada, pero en Europa se corre un gran peligro. Es mejor desaparecer unos meses.

- Desde luego, Carbonell, haces muy bien. Además tengo un encargo para ti.

- Sobre la anilina espero, es a lo que me dedico ahora, ya lo sabes…

Mangrané sonrió. - No Carbonell, para eso no te necesito, sabes que de eso sé mucho más que tú.

. ¿ Entonces ? - inquirí curioso.

- Pues para qué va a ser: para jabones, Carbonell, para jabones.

- Pero Daniel, de eso también sabes más que yo, no me necesitas para nada. Y no me lies con encargos especiales que acabo de hacer uno de aupa.

- Tranquilo, este es un trabajo sencillo de consultoría industrial. Me han pedido ayuda técnica, pero yo ahora estoy con el DDT en mi fábrica, y no tengo tiempo. Se trata de Gota de Ámbar SA, los gerentes son amigos míos.

- ¿Los de la Mahonesa?

- Bueno, en los últimos meses están fabricando jabones. Yo les he ayudado con la compra de calderas y molinos, naturalmente alemanes. Pero les falla el procesado.

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Entré en la fábrica del calle Córcega, 486. El edificio, de diseño funcional y moderno, como la vecina de Myrurgia, ocupaba prácticamente la mitad de la manzana. Fui contratado inmediatamente por el consejo de administración, tras una breve charla en la que se inspeccionó mi curriculum, un mero trámite, considerando que estaba allí por la sola recomendación de mi amigo Daniel. Se acordaron mis honorarios y mi régimen de trabajo, que siendo por obra y servicio concretos, estaba en parte supeditado a la consecución exitosa de mi objetivo: mejorar el jabón de afeitar en forma de barrita que hacía pocos meses Gota de Ámbar SA había lanzado al mercado local.
Seguidamente, giré una visita por la amplia fábrica. Inspeccioné calderas, molinos, peletizadoras, mezcladoras, amasadoras y prensas, y en la zona de almacenes las materias primas. Pasamos al almacén de producto acabado. Me acompañaba el jefe de producción, Don Hilario.

- Este es nuestro jabón, Sr. Carbonell.

Don Hilario me extendió una de las barritas que reposaban sobre los anaqueles metálicos de curado.

- Huele flojo. Limoneno, geranial y citral, y algo de lavanda. 1 %, o menos.

- Lleva casi el 2 %, no nos dejan poner más- dijo Don Hilario.

- Pues habría que fijarlo con resina de benjui. Alcánzame el cubo y el pincel, Don Hilario, tenga la bondad.

Espumé en mi mano la barrita con la brocha de prueba, y unté la espuma en mis manos.

- Pero esto es sólo palma y copra. Y poca copra.

- Y estearina - puntualizó don Hilario levantado su dedo índice como queriendo corregir mi apreciación. Y en esta tanda hemos usado palmiste, la copra es más cara y ablanda el jabón.

- ¿ Y el sebo ?.

- Sebo no hay Don Francisco, es muy caro, y aquí hay mucha hambre. En España no hay sebo para jabón, es para comer. Ya sabe que está racionado hasta el jabón. A cuatro pesetas el kilo.

- ¿Y en los de tocador?.

- Pues igual, sin sebo.

- Pues sin sebo…seremos sólo como la Myrurgia.

A la mañana siguiente me reuní de nuevo con el Gerente.

- Verá, Sr. Cardona, el equipamiento es moderno y adecuado. Podrán hacer 10 millones de barritas al año si quieren. El procesado es correcto, en general, pero hay que alargar un poco la cochura y añadir algo más de glicerina al final, y aún así está demasiado seco, hay que amasar con más humedad y sobre engrasar más, bajaremos la sosa, y subiremos la potasa. Si añadimos sebo, que deberíamos hacerlo, habría que hacer dos cochuras, la primera para el sebo con la sosa y el resto con la potasa. El perfume hay que fijarlo bien. Pero lo más importante es sustituir parte del esteárico con sebo, al menos la mitad.

- La glicerina está controlada y es carísima, por la guerra de Europa, ahora la vendemos toda para dinamita. ¿ Y por qué es necesario el sebo, no funciona ya bien sólo con el estearato?

- Si no les entendí mal, las importaciones están intervenidas en España, ¿no es cierto? - pregunté.

- Y las exportaciones también- precisó el gerente- Como ya le explicamos, para importar materias primas de otros países hay que presentar un expediente de admisión temporal a la Dirección General de Comercio y Política Arancelaria del Ministerio de Industria.

- ¿Y el permiso lo dan, si…?

- Lo dan sólo si es una materia prima que España no puede producir y si el bien transformado es exportable con plusvalía, con las correspondientes tasas. Es para proteger la balanza comercial del país.

- Si, claro lo entiendo. ¿ Y a qué países quieren exportar?.

- Como sabe, Hitler ha bloqueado el Atlántico con sus submarinos. Inglaterra no dispone de materia prima para fabricar jabón, y el resto de países tampoco es que estén boyantes, estamos en una situación ventajosa para exportar. Nuestros delegados comerciales están contactando con posibles distribuidores en Alemania, Suiza, Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Ho­landa, Bélgica, Oriente Próximo, His­pano América y Filipinas.

- Pues a eso voy. La mitad de los países que me cita, respecto a jabones de afeitar, emplean sebo. Los usuarios de esos paises están acostumbrados. Un jabón sólo palmítico es bueno, pero no se venderá. Y de Estados Unidos olvídense, allí tienen el Williams.

- Pero el sebo es caro ahora. Y habrá que importarlo de fuera- objetó Cardona.

- Pues háganlo, todo es caro ahora, Sr. Cardona. Hable con nuestro amigo Mangrané, el tiene contactos en el Ministerio. Sólo estamos hablando de cuatro o cinco toneladas al año, y tendrá de sobras para reformular parte de los de tocador.

- Pero ¿ de dónde lo importaremos?- preguntó el gerente.

- De Argentina. Habrá que ir allí para encontrar un buen proveedor.


……………….........................................

Arribé al puerto de Buenos Aires a mediados de noviembre, iniciándose el verano austral. Compré una moto Norton M30 de 500 cc, seminueva, en muy buen estado. Durante casi dos semanas recorrí los principales mataderos del centro y norte de Argentina, en cuyos vastísimos pastos se criaban millones de cabezas del mejor ganado vacuno. Viajé por las provincias de Buenos Aires, la Pampa, Entre Ríos, Corrientes, el Chaco, pasando por Santiago del Estero, San Luis, Santa Fe y Córdoba. Algún día llegué a recorrer hasta 500 kilómetros del tirón.
Encontré por fin el mejor sebo limpio y bien procesado, blanco y durísimo, en la fábrica de Javier Guzmán, en la pequeña ciudad de Alta Gracia, a treinta kilómetros al sur de Córdoba. Rápidamente llegué a un acuerdo con Don Javier, 19 céntimos por kilo, 10000 kilos por año, ampliable a 15.000, con la mitad de los portes a su costa.
Don Javier vivía en una confortable y amplia casa de estilo inglés en el barrio nuevo y más elevado de Alta Gracia. Aquella tarde celebraba una velada en su casa y me había invitado, como cliente, junto a algunos de su mejores amigos y vecinos, entre ellos a Don Manuel de Falla, que vivía exiliado desde el año pasado en un pequeño chalet, ubicado casualmente en su misma calle. Después de un cóctel de bienvenida, Falla se sentó frente al piano y durante casi media hora nos deleitó con su danza española de la Vida Breve, y dejó impresionada a toda la audiencia con su danza ritual del fuego


El joven que estaba a mi lado, no mayor de quince años, moreno y de mirada viva, preso de una emoción irrefrenable, no paraba de aplaudir, incluso cuando el resto de los invitados ya habían parado. Le llamé la atención:

- Eah, eah, ya pasó. Para de aplaudir, chico, si no el maestro no podrá continuar.

- Pero es que ha sido…

- Sobrenatural, si. Ahora silencio, joven.

Después de la cena, todos salimos al extenso jardín para beneficiarnos del frescor de la noche. Los invitados disfrutaban de refrigerios, champán y combinados de fernet, mientras se charlaba en pequeños círculos, obviamente sobre política - pues era aún reciente el golpe de los generales - sobre las próximas elecciones, muy inciertas, de la conveniencia o no para Argentina de entrar en la guerra, causa de la dimisión del Ministro de Exteriores Storni, y se auguraba el buen hacer del recién nombrado Ministro de Trabajo, el Coronel Juan Domingo Perón.
Me arrinconé junto un seto, entre las sombras, con un vaso de whisky con hielo, intentando zafarme de tales pláticas.

- Disculpe señor, no pretendí molestarle antes.

- Ah, ¡ El admirador de Falla !. No fue molestia hijo, comprendí su entusiasmo.

- Me llamo Ernesto, mi gusto conocerle señor.

- Yo soy el ingeniero Francisco Carbonell, de España. Esa música que tanto aplaudiste, la danza ritual del fuego, la bailan los enamorados Carmelo y Candela, alrededor de una fogata, como sortilegio para hacer desaparecer el embrujo de un amante de la gitana Candela, a la que acecha desde el más allá, en forma de fantasma. El Amor Brujo.

- Yo no creo en esas bobadas, Sr. Ingeniero.

- ¿ En el amor, o en la brujería?. No respondas hijo, mi pregunta es retórica: ambas son la misma cosa. Yo tampoco creo demasiado. Ni el Maestro Falla, pero el arte tiene esa parte de magia, que consiste en hacer que parezca cierto lo imposible.

Una voz femenina, deduje que la madre del muchacho, le llamó desde un corrillo de invitados: - Debes entrar ya Ernestito, ¡ hace mucho fresco!

- Lo siento, me reclaman, pase una buena velada señor.

- Un placer Ernesto, buenas noches.

A la mañana siguiente, siendo domingo y después del desayuno, quise acercarme con mi Norton a los cañones del rio Anisacate, más arriba del sitio que llaman la Paisanita, a pocos kilómetros de Alta Gracia. Al coger la calle Avellaneda, buscando la salida, dudé sobre la siguiente dirección que debería tomar. El barrio residencial donde vivía el Dr. Guzmán, destacaba por los muchos chalets y fincas de recreo, la mayoría con nombres poéticos y de señoras, grabados en azulejos sobre la entrada de los porches. De una de esas casas, llamada Villa Nadya, un joven sentado a la mesa del jardín, salió a saludarme:

- ¡ Sr. Carbonell , Sr. Carbonell ! - Aparqué la moto tan buen punto reconocí al joven Ernesto.

- ¡ Qué casualidad !, claro, eres vecino del Sr. Guzmán. Buenos días Ernesto. Buscaba la salida para la Paisanita.

- Es la segunda a la izquierda, en dos cuadras. Después ya verá los carteles. Esta moto es joya. Groso, groso. ¿Cómo le anda?.

- Casi dos mil kilómetros en una semana, y porque pinché en San Luis y perdí un día.

- Ojalá tuviera una así, tal vez algún día pueda viajar como usted - ¿ Quiere que le invite a un mate?, y así me cuenta su viaje…

No pude decir que no, ante aquellos ojos echando chispas de aventura.

- Pues si, gracias, me vendrá bien- le acompañé a la mesa del jardín, que estaba repleta de algunos libros y cuadernos, y me sirvió la yerba mate de una jarra con algunos hielos.

- Gracias Ernesto - mientras saboreaba la yerba, le pregunté: - Está muy rica. ¿De dónde es?

- Es de Caraguatay, en Misiones, de las plantaciones que mi padre tenía allí. Las vendió el año pasado.

- Veo que estudias en festivo. Debe ser importante. ¿Qué es?.

- Geometría, señor. Trigonometría, secantes, tangentes, ya sabe, esas cosas.

- Ah, si, desde luego es muy útil la geometría.

- ¿ Os puedo preguntar qué hacés acá en Argentina, Ingeniero? ¿Acaso sos exiliado?

- No, estoy aquí por negocios.

- ¿ Vos viajás mucho, entonces?

- Muchísimo. Como soy bajito…

- ¿Cómo bajito?. Vos no sos tan bajo. ¿ Y qué tiene que ver ser bajo con viajar?. No entendí…

- Ah, es por el horizonte. Los altos ven más lejos. Los bajitos tenemos que andar algo más para alcanzar la misma línea de horizonte que divisan los altos. Eso, al final, nos hace ser más escrutadores, buscar los sitios elevados, tener más curiosidad, y al final ser más viajeros.

Ernesto rió a carcajadas. - ¡ Qué boludez ! - añadió.

- No, no, es en serio, Ernesto. ¿Por qué crees que somos animales bípedos?. El Australopithecus dio el salto evolutivo porque le era más ventajoso ir a dos patas por la sabana africana en vez de a gatas; sólo con el pequeño esfuerzo de erguirse, duplicó su horizonte visible. Ahora verás, alcánzame un papel en sucio, por favor.

Ernesto me prestó un papel de los que estaba empleando para hacer sus deberes, ya con algunas anotaciones, le alerté con una mirada por si podía usarlo igualmente.

- Si, hágale, sólo es un borrador.

Dibujé este croquis y proseguí con mi explicación:

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- Si suponemos que la tierra es una esfera de radio R igual a 6.378.000 metros y que mis ojos están a una altura de h metros del suelo, entonces la distancia d a la que se encuentra el horizonte es la medida sobre la tangente a la esfera que pasa por la posición donde se encuentran los ojos. Cómo la tangente es perpendicular al radio de la Tierra en el punto B del horizonte, basta resolver por Pitágoras el rectángulo que el ojo y B forman con el centro O del planeta. Así se obtiene la relación entre la altura h y la distancia d a la que se encuentra el horizonte: d = 3.571,6 x √h . Es fácil calcular cuánto más horizonte que yo, atisba un señor de metro noventa. Creo que ya tenemos hecha la clase de geometría de hoy ¿cierto?.

¡ Mortal ! - expresó el joven.

- ¿Entonces, amigo Ernesto, serás matemático, o tal vez un aburrido ingeniero como yo?. En un par de años estarás en la Universidad ¿Qué vas a estudiar?.

- Me gustaría llegar a ser médico. Quiero ayudar a los demás, y también quiero curarme yo. Padezco mucho de asma. No puedo hacer mucho deporte, porque me ahogo.

- Bueno, ser médico es una gran responsabilidad. Es una profesión muy sacrificada.

- Yo quiero ser útil al mundo. No quiero convertirme en esto, mirad - el muchacho extrajo de su bolsillo algo que parecía una piedra transparente de color pajizo, y me la tendió.

- Vaya, es una piedra de ámbar. Parece que dentro hay un mosquito…pobre, ahí quedó atrapado para siempre, en el tiempo - dije solidario.

- Exacto, Sr. Carbonell, atrapado en su tiempo y confinado en el espacio. Sin libertad y sin cambios. Yo no quiero vivir fosilizado en una gota de ámbar. Ahí dentro se está a salvo, seguro, confortable y protegido. Puede pasarla uno ahí dentro eternamente, y no enterarse de que hay más mundo, ajeno al ruido y al resto de seres. Yo quiero vivir vivo, no muerto dentro de mi gota de ámbar, como tanta gente que conozco. Y viajar, como usted, viajar por todo el mundo para ayudar a los pobres que no tienen ni para medicinas, ni para comer, ni para…

Interrumpí el discurso del muchacho:

- Es lindo lo que dices Ernesto. Pero si intentamos elevar demasiado la altura h por encima de nuestra altura real- le decía mientras señalaba con mi Parker el muñeco sobre la esfera del croquis- y sin mantener los pies en el suelo, creeremos asequible la lontananza infinita, pero será sólo el espejismo de un mundo inabarcable para la vida limitada de un sólo hombre. Es vertiginoso. Y tú, con tu asma, ya tienes bastante, chico. En cuanto a viajar, uno debe ser discreto. Los lugares siempre le cambian a uno, pero uno debería intentar no cambiar a los lugares - sentencié.
Acabé de un sorbo la yerba mate, refrescante pero también estimulante, sospecho que dije todo aquello bajo sus efectos. Ernesto me atisbaba con la mirada transparente, con el ceño fruncido, y claramente en desacuerdo.

- ¿ Ni siquiera debemos cambiar los lugares que están mal, con sufrimiento, con enfermedades y con pobreza?, ¿Usted cree que no deben ser cambiados?, ¿Por qué no esta usted luchando contra Franco, en su país, o contra los nazis en Europa, acaso es uno de ellos?.

- Ernesto, amigo, nuestro mundo entero es una enorme gota de ámbar de geometría escabrosa e imperfecta perdida en el Universo. El mosquito dormido dentro de esta gota de ámbar, a veces, percibe que fuera sólo hay vacío, y entonces desiste. Otros mosquitos luchan por salir, y acaban perdidos y solitarios en una superficie desierta. Y otros deciden esperar.

- ¿Esperar a qué, ingeniero?, ¿Acaso no lleva ya suficientes miles de años acá dentro?

- Mira, si esta piedra de ámbar la dejamos a la intemperie durante muchos, muchos años, la sola erosión hará que el mosquito se libere. Un amigo poeta me dio una vez este consejo: Sabe esperar, aguarda que la marea fluya—así en la costa un barco— sin que el partir te inquiete.Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; porque la vida es larga y el arte es un juguete. Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y, además, no importa.
Le devolví al joven su resina fósil.

- No, quedásela. Veo que a vos os es más apropiada- Ernesto envolvió la resina en el papel donde le había calculado la distancia del horizonte visible, y me lanzó el paquete- Vos sos como todos, señor Carbonell, un conformista de la clase media. Otro mosquito engañado y feliz en su gotita de ámbar, sin tomar partido por nada ni por nadie, salvo por el interés propio. Que le vayan bien sus negocios. Tengo que estudiar ahora, si me disculpa. Encontrará la Paisanita hacia el sur.

- Adiós Ernesto. Ha sido un placer conocerte. Espero que seas feliz. Guardaré este ámbar. Quién sabe, quizás algún día el mosquito logre escapar.

A los pocos días dejé en depósito la poderosa moto Norton al Sr. Guzmán, para que la vendiese años más tarde según mis calculadas instrucciones, y zarpé en un carguero con destino al puerto de Cádiz, siguiendo la misma derrota que el féretro del maestro Falla seguiría tres años después. Durante los doce días que duró el trayecto, tuve tiempo para componer y recomponer, una y otra vez, la nueva fórmula del jabón de afeitar para Gota de Ámbar, hasta dar con una que me pareció adecuada.
Nunca juzgué como casual que aquel muchacho rico de aventura me regalase aquella piedra de ámbar, en aquella mañana del verano argentino, como que la empresa catalana que me comisionó en este mágico viaje, contuviese el ámbar en su nombre. Tampoco creí mera coincidencia que veinte años después, en el 1967, siendo el año en que se fabricó el último lote de mi jabón, también muriera Ernesto, librando su última batalla en la selva boliviana; Che Guevara murió como vivió, libre y altivo, siempre desoyendo los exactos cálculos de la gente limitada, sobre la altura necesaria para alcanzar los horizontes imposibles.
……………........................

En 2019 se inauguró el Hotel Barcelona-1882, además de un bloque de edificios anexo, sobre un solar en la calle Córcega que Henkel Ibérica vendió por 15 millones de euros, tras derribar la antigua fábrica de jabones Gota de Ámbar SA. Esta empresa fue fundada en 1941, con un capital social de ocho millones y medio de pesetas, si bien Henkel, accionista desde 1954, finalmente consiguió la totalidad de las acciones en 1961.
En el traslado de la ingente documentación acumulada durante ochenta años, se consideró oportuno destruir todos los archivos relativos a productos cuya fabricación hubiera cesado por más de cincuenta años. Docenas de cajas fueron enviadas a incinerar y muchas otras se eliminaron como residuo urbano.
Una de estas cajas de archivo fue a parar a manos de un chamarilero que la vendió en el Mercado de viejo de los Encantes.
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Visíteme en La Botica de Frankincense, donde los jabones cuentan historias.
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#2

Me ha encantado el relato,

cuantas cosas buenas se han ido perdiendo con el paso de los años. Tendríamos que fijarnos en el saber del pasado, para mejorar el futuro !
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   Frankincense
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#3

bello relato que me ha gustado mucho. Gracias
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   Frankincense
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#4

Buenas noches amigo Francisco.

Ha sido emocionante leer tu historia, no me lo esperaba. Sinceramente no tengo palabras por describir el arte que tienes por crear estas historias y la infinidad de conocimientos que aportas en ellas. No soy muy buen por expresar mis sentimientos, y meno por escrito. Pero quiero agradecerte mucho, sea por la historia, por mi respeto por el protagonista de ella, y naturalmente también por el regalo del jabón. Termino aquí porque creo que el protagonista de todo esto eres tu y la preciosa historia. Muchas gracias.

Un cordial saludo
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   Frankincense, SalvaTronic
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#5

Estos relatos deberías publicarlos algún día (son buenísimos )
"Paco" Muchas gracias por todo
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   Frankincense, superchicha
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#6

Una historia preciosa querido Frankincense muy bonita. A partir de ahora cada vez que vea una de esas barritas gota de ámbar me acordaré del señor Carbonell y su periplo por Argentina en busca de un proveedor de sebo.
                                                                           Humor Afilado, pero nunca cortante.
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   Frankincense, superchicha
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#7

Un relato fantástico, una vez lo he empezado lo he tenido que acabar. Gracias amigo por hacernos partícipes de esta historia.

Comenzar tu día con una sonrisa hará que tu destino se pinte de colores.
Bob Marley
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   Frankincense
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#8

Como siempre genial!

El cruce con Falla me ha encantado. Pero la charla con el joven irrespetuoso e irascible pero a la vez respetuoso y educado Ernesto, es sublime. Me parece magistral como has hilando la linea temporal de Caronell y de Ernesto a través de la que quizas fuese la motocicleta que cambiaría la historia de hispano América, simplemente es sublime!
Estoy seguro que para el joven Ernesto el encuentro fue totalmente casual. Cuando, siguiendo las instrucciones de Carbonell, la motocicleta volvió a sus manos, estoy seguro que para entonces el joven estudiante de medicina no recordó el verano que se cruzó con aquel conformista Ingeniero Español. Aunque algo me dice que sus vidas se volverán a cruzar, quien sabe quizas en la Havana!
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   Frankincense, Lodrino
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#9

Amigo mío, estás historias habría que imprimirlas.

La segunda guerra Mundial , Gotas de Ambar , el Che Guevara , Argentina , la autarquía ... todo en un relato magnífico

A disfrutarlo , amigo Francesco Lodrino

Yo no tengo idea de nada y , además , puedo demostrarlo.
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   Frankincense, Lodrino, Maki, superchicha
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#10

Sin palabras de nuevo, cada hilo supera al anterior, muchas gracias por compartir Paco
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   Frankincense
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#11

(30-04-2020, 23:12)Teiste escribió: Amigo mío, estás historias habría que imprimirlas.

La segunda guerra Mundial , Gotas de Ambar , el Che Guevara , Argentina , la autarquía ... todo en un relato magnífico

A disfrutarlo , amigo Francesco Lodrino

Muchas gracias Compañero Teiste  Será el "number one" de mis jabones. Le voy a tener un cariño especial This image is blocked to guests. Please Login or Register to unblock it
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   Frankincense
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#12

Plas, plas, plas

Un gran aplauso, amigo Paco. Esto si son formas de empezar una buena mañana, leyendo una magnifica historia. Creo que ahora se de donde viene cierta barrita antigua que tengo al lado de mi ordenador

Bravo! Y enhorabuena al compañero Lodrino. Lo disfrutaras seguro
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   Frankincense, Lodrino
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#13

Y aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
It's Alright Ma (I'm only bleeding)
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   Frankincense, Lodrino
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#14

Sempre ansioso por mais uma história!
Obrigado Frankincense...
Lo siento, no hablo español.
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   Frankincense
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#15

(30-04-2020, 21:26)Frankincense escribió: Como saben, ya no hago jabones sólo para afeitar, los hago para contar historias. Esta que sigue está inspirada durante y para la creación de un jabón de afeitar para Francesco, nuestro Lodrino. Es un capítulo más de la vida increíble de Francisco Carbonell. Un poco extenso, pero yo sé que a Francesco le gustan las historias largas. No están obligados a leerla de un tirón. Como tampoco es preciso aclarar que todas las situaciones relatadas, los personajes y la documentación que se aporta, son enteramente ficticias. Excepto aquello que no lo fuere. Si deciden seguir, les agradezco su interés. Pero no se dejen engañar. Un conocido mío sostiene que la literatura, el arte y la magia, tienen en común hacer parecer como cierto lo que es imposible. Vamos allá.

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Barcelona, 21 de noviembre de 2020.

- Pero en la ficha pone “ con mosquito ” y esto no lleva mosquito..

- Mire, yo no sé lo que dice la ficha, ni si la ficha es de esta caja. 150 euros, lo toma o lo deja.

- Si, es la misma caja y la misma ficha, mire aquí lo pone: caja 71-760-1967. Pero además faltan tres libros, según la ficha.

- Y dale con la ficha, que pesado con la ficha.

- Y el mosquito es muy importante, es por lo que vale más…

- Mire, márchese, que es usted muy pesado. Qué mosquito, qué mosquito…yo si que me estoy mosqueando.

- Vale, tranquillo amigo. 60 euros.

- 80 euros, pero por no oirle más.

- Es muy caro por unos jabones viejos, no sirven ya.

- Serán viejos, pero están nuevos. Huela, huela…

- De acuerdo, 80 euros.

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Llegué a Barcelona a finales de septiembre de 1943. Daniel Mangrané me esperaba en el andén de llegadas de la Estación de Francia, todavía con las cicatrices de la metralla en algunas de sus paredes. Daniel no había cambiado en los últimos años, y como yo, tampoco aparentaba su auténtica edad. Sólo había una explicación para que un ex-diputado republicano pudiera tener, en plena dictadura del General Franco, tanto respeto y influencia. No sólo era un inteligente industrial, era una persona de una cordialidad y bondad inusitadas, que hacía décadas que dedicaba todas sus ganancias a su Fundación para ayudar a los obreros y gente necesitada.

- Vuelves a tu ciudad, querido amigo. Bienvenido. Tengo entendido que tuviste problemas en Praga.

- Nada, no fue nada, pero en Europa se corre un gran peligro. Es mejor desaparecer unos meses.

- Desde luego, Carbonell, haces muy bien. Además tengo un encargo para ti.

- Sobre la anilina espero, es a lo que me dedico ahora, ya lo sabes…

Mangrané sonrió. - No Carbonell, para eso no te necesito, sabes que de eso sé mucho más que tú.

. ¿ Entonces ? - inquirí curioso.

- Pues para qué va a ser: para jabones, Carbonell, para jabones.

- Pero Daniel, de eso también sabes más que yo, no me necesitas para nada. Y no me lies con encargos especiales que acabo de hacer uno de aupa.

- Tranquilo, este es un trabajo sencillo de consultoría industrial. Me han pedido ayuda técnica, pero yo ahora estoy con el DDT en mi fábrica, y no tengo tiempo. Se trata de Gota de Ámbar SA, los gerentes son amigos míos.

- ¿Los de la Mahonesa?

- Bueno, en los últimos meses están fabricando jabones. Yo les he ayudado con la compra de calderas y molinos, naturalmente alemanes. Pero les falla el procesado.

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Entré en la fábrica del calle Córcega, 486. El edificio, de diseño funcional y moderno, como la vecina de Myrurgia, ocupaba prácticamente la mitad de la manzana. Fui contratado inmediatamente por el consejo de administración, tras una breve charla en la que se inspeccionó mi curriculum, un mero trámite, considerando que estaba allí por la sola recomendación de mi amigo Daniel. Se acordaron mis honorarios y mi régimen de trabajo, que siendo por obra y servicio concretos, estaba en parte supeditado a la consecución exitosa de mi objetivo: mejorar el jabón de afeitar en forma de barrita que hacía pocos meses Gota de Ámbar SA había lanzado al mercado local.
Seguidamente, giré una visita por la amplia fábrica. Inspeccioné calderas, molinos, peletizadoras, mezcladoras, amasadoras y prensas, y en la zona de almacenes las materias primas. Pasamos al almacén de producto acabado. Me acompañaba el jefe de producción, Don Hilario.

- Este es nuestro jabón, Sr. Carbonell.

Don Hilario me extendió una de las barritas que reposaban sobre los anaqueles metálicos de curado.

- Huele flojo. Limoneno, geranial y citral, y algo de lavanda. 1 %, o menos.

- Lleva casi el 2 %, no nos dejan poner más- dijo Don Hilario.

- Pues habría que fijarlo con resina de benjui. Alcánzame el cubo y el pincel, Don Hilario, tenga la bondad.

Espumé en mi mano la barrita con la brocha de prueba, y unté la espuma en mis manos.

- Pero esto es sólo palma y copra. Y poca copra.

- Y estearina - puntualizó don Hilario levantado su dedo índice como queriendo corregir mi apreciación. Y en esta tanda hemos usado palmiste, la copra es más cara y ablanda el jabón.

- ¿ Y el sebo ?.

- Sebo no hay Don Francisco, es muy caro, y aquí hay mucha hambre. En España no hay sebo para jabón, es para comer. Ya sabe que está racionado hasta el jabón. A cuatro pesetas el kilo.

- ¿Y en los de tocador?.

- Pues igual, sin sebo.

- Pues sin sebo…seremos sólo como la Myrurgia.

A la mañana siguiente me reuní de nuevo con el Gerente.

- Verá, Sr. Cardona, el equipamiento es moderno y adecuado. Podrán hacer 10 millones de barritas al año si quieren. El procesado es correcto, en general, pero hay que alargar un poco la cochura y añadir algo más de glicerina al final, y aún así está demasiado seco, hay que amasar con más humedad y sobre engrasar más, bajaremos la sosa, y subiremos la potasa. Si añadimos sebo, que deberíamos hacerlo, habría que hacer dos cochuras, la primera para el sebo con la sosa y el resto con la potasa. El perfume hay que fijarlo bien. Pero lo más importante es sustituir parte del esteárico con sebo, al menos la mitad.

- La glicerina está controlada y es carísima, por la guerra de Europa, ahora la vendemos toda para dinamita. ¿ Y por qué es necesario el sebo, no funciona ya bien sólo con el estearato?

- Si no les entendí mal, las importaciones están intervenidas en España, ¿no es cierto? - pregunté.

- Y las exportaciones también- precisó el gerente- Como ya le explicamos, para importar materias primas de otros países hay que presentar un expediente de admisión temporal a la Dirección General de Comercio y Política Arancelaria del Ministerio de Industria.

- ¿Y el permiso lo dan, si…?

- Lo dan sólo si es una materia prima que España no puede producir y si el bien transformado es exportable con plusvalía, con las correspondientes tasas. Es para proteger la balanza comercial del país.

- Si, claro lo entiendo. ¿ Y a qué países quieren exportar?.

- Como sabe, Hitler ha bloqueado el Atlántico con sus submarinos. Inglaterra no dispone de materia prima para fabricar jabón, y el resto de países tampoco es que estén boyantes, estamos en una situación ventajosa para exportar. Nuestros delegados comerciales están contactando con posibles distribuidores en Alemania, Suiza, Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Ho­landa, Bélgica, Oriente Próximo, His­pano América y Filipinas.

- Pues a eso voy. La mitad de los países que me cita, respecto a jabones de afeitar, emplean sebo. Los usuarios de esos paises están acostumbrados. Un jabón sólo palmítico es bueno, pero no se venderá. Y de Estados Unidos olvídense, allí tienen el Williams.

- Pero el sebo es caro ahora. Y habrá que importarlo de fuera- objetó Cardona.

- Pues háganlo, todo es caro ahora, Sr. Cardona. Hable con nuestro amigo Mangrané, el tiene contactos en el Ministerio. Sólo estamos hablando de cuatro o cinco toneladas al año, y tendrá de sobras para reformular parte de los de tocador.

- Pero ¿ de dónde lo importaremos?- preguntó el gerente.

- De Argentina. Habrá que ir allí para encontrar un buen proveedor.


……………….........................................

Arribé al puerto de Buenos Aires a mediados de noviembre, iniciándose el verano austral. Compré una moto Norton M30 de 500 cc, seminueva, en muy buen estado. Durante casi dos semanas recorrí los principales mataderos del centro y norte de Argentina, en cuyos vastísimos pastos se criaban millones de cabezas del mejor ganado vacuno. Viajé por las provincias de Buenos Aires, la Pampa, Entre Ríos, Corrientes, el Chaco, pasando por Santiago del Estero, San Luis, Santa Fe y Córdoba. Algún día llegué a recorrer hasta 500 kilómetros del tirón.
Encontré por fin el mejor sebo limpio y bien procesado, blanco y durísimo, en la fábrica de Javier Guzmán, en la pequeña ciudad de Alta Gracia, a treinta kilómetros al sur de Córdoba. Rápidamente llegué a un acuerdo con Don Javier, 19 céntimos por kilo, 10000 kilos por año, ampliable a 15.000, con la mitad de los portes a su costa.
Don Javier vivía en una confortable y amplia casa de estilo inglés en el barrio nuevo y más elevado de Alta Gracia. Aquella tarde celebraba una velada en su casa y me había invitado, como cliente, junto a algunos de su mejores amigos y vecinos, entre ellos a Don Manuel de Falla, que vivía exiliado desde el año pasado en un pequeño chalet, ubicado casualmente en su misma calle. Después de un cóctel de bienvenida, Falla se sentó frente al piano y durante casi media hora nos deleitó con su danza española de la Vida Breve, y dejó impresionada a toda la audiencia con su danza ritual del fuego


El joven que estaba a mi lado, no mayor de quince años, moreno y de mirada viva, preso de una emoción irrefrenable, no paraba de aplaudir, incluso cuando el resto de los invitados ya habían parado. Le llamé la atención:

- Eah, eah, ya pasó. Para de aplaudir, chico, si no el maestro no podrá continuar.

- Pero es que ha sido…

- Sobrenatural, si. Ahora silencio, joven.

Después de la cena, todos salimos al extenso jardín para beneficiarnos del frescor de la noche. Los invitados disfrutaban de refrigerios, champán y combinados de fernet, mientras se charlaba en pequeños círculos, obviamente sobre política - pues era aún reciente el golpe de los generales - sobre las próximas elecciones, muy inciertas, de la conveniencia o no para Argentina de entrar en la guerra, causa de la dimisión del Ministro de Exteriores Storni, y se auguraba el buen hacer del recién nombrado Ministro de Trabajo, el Coronel Juan Domingo Perón.
Me arrinconé junto un seto, entre las sombras, con un vaso de whisky con hielo, intentando zafarme de tales pláticas.

- Disculpe señor, no pretendí molestarle antes.

- Ah, ¡ El admirador de Falla !. No fue molestia hijo, comprendí su entusiasmo.

- Me llamo Ernesto, mi gusto conocerle señor.

- Yo soy el ingeniero Francisco Carbonell, de España. Esa música que tanto aplaudiste, la danza ritual del fuego, la bailan los enamorados Carmelo y Candela, alrededor de una fogata, como sortilegio para hacer desaparecer el embrujo de un amante de la gitana Candela, a la que acecha desde el más allá, en forma de fantasma. El Amor Brujo.

- Yo no creo en esas bobadas, Sr. Ingeniero.

- ¿ En el amor, o en la brujería?. No respondas hijo, mi pregunta es retórica: ambas son la misma cosa. Yo tampoco creo demasiado. Ni el Maestro Falla, pero el arte tiene esa parte de magia, que consiste en hacer que parezca cierto lo imposible.

Una voz femenina, deduje que la madre del muchacho, le llamó desde un corrillo de invitados: - Debes entrar ya Ernestito, ¡ hace mucho fresco!

- Lo siento, me reclaman, pase una buena velada señor.

- Un placer Ernesto, buenas noches.

A la mañana siguiente, siendo domingo y después del desayuno, quise acercarme con mi Norton a los cañones del rio Anisacate, más arriba del sitio que llaman la Paisanita, a pocos kilómetros de Alta Gracia. Al coger la calle Avellaneda, buscando la salida, dudé sobre la siguiente dirección que debería tomar. El barrio residencial donde vivía el Dr. Guzmán, destacaba por los muchos chalets y fincas de recreo, la mayoría con nombres poéticos y de señoras, grabados en azulejos sobre la entrada de los porches. De una de esas casas, llamada Villa Nadya, un joven sentado a la mesa del jardín, salió a saludarme:

- ¡ Sr. Carbonell , Sr. Carbonell ! - Aparqué la moto tan buen punto reconocí al joven Ernesto.

- ¡ Qué casualidad !, claro, eres vecino del Sr. Guzmán. Buenos días Ernesto. Buscaba la salida para la Paisanita.

- Es la segunda a la izquierda, en dos cuadras. Después ya verá los carteles. Esta moto es joya. Groso, groso. ¿Cómo le anda?.

- Casi dos mil kilómetros en una semana, y porque pinché en San Luis y perdí un día.

- Ojalá tuviera una así, tal vez algún día pueda viajar como usted - ¿ Quiere que le invite a un mate?, y así me cuenta su viaje…

No pude decir que no, ante aquellos ojos echando chispas de aventura.

- Pues si, gracias, me vendrá bien- le acompañé a la mesa del jardín, que estaba repleta de algunos libros y cuadernos, y me sirvió la yerba mate de una jarra con algunos hielos.

- Gracias Ernesto - mientras saboreaba la yerba, le pregunté: - Está muy rica. ¿De dónde es?

- Es de Caraguatay, en Misiones, de las plantaciones que mi padre tenía allí. Las vendió el año pasado.

- Veo que estudias en festivo. Debe ser importante. ¿Qué es?.

- Geometría, señor. Trigonometría, secantes, tangentes, ya sabe, esas cosas.

- Ah, si, desde luego es muy útil la geometría.

- ¿ Os puedo preguntar qué hacés acá en Argentina, Ingeniero? ¿Acaso sos exiliado?

- No, estoy aquí por negocios.

- ¿ Vos viajás mucho, entonces?

- Muchísimo. Como soy bajito…

- ¿Cómo bajito?. Vos no sos tan bajo. ¿ Y qué tiene que ver ser bajo con viajar?. No entendí…

- Ah, es por el horizonte. Los altos ven más lejos. Los bajitos tenemos que andar algo más para alcanzar la misma línea de horizonte que divisan los altos. Eso, al final, nos hace ser más escrutadores, buscar los sitios elevados, tener más curiosidad, y al final ser más viajeros.

Ernesto rió a carcajadas. - ¡ Qué boludez ! - añadió.

- No, no, es en serio, Ernesto. ¿Por qué crees que somos animales bípedos?. El Australopithecus dio el salto evolutivo porque le era más ventajoso ir a dos patas por la sabana africana en vez de a gatas; sólo con el pequeño esfuerzo de erguirse, duplicó su horizonte visible. Ahora verás, alcánzame un papel en sucio, por favor.

Ernesto me prestó un papel de los que estaba empleando para hacer sus deberes, ya con algunas anotaciones, le alerté con una mirada por si podía usarlo igualmente.

- Si, hágale, sólo es un borrador.

Dibujé este croquis y proseguí con mi explicación:

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- Si suponemos que la tierra es una esfera de radio R igual a 6.378.000 metros y que mis ojos están a una altura de h metros del suelo, entonces la distancia d a la que se encuentra el horizonte es la medida sobre la tangente a la esfera que pasa por la posición donde se encuentran los ojos. Cómo la tangente es perpendicular al radio de la Tierra en el punto B del horizonte, basta resolver por Pitágoras el rectángulo que el ojo y B forman con el centro O del planeta. Así se obtiene la relación entre la altura h y la distancia d a la que se encuentra el horizonte: d = 3.571,6 x √h . Es fácil calcular cuánto más horizonte que yo, atisba un señor de metro noventa. Creo que ya tenemos hecha la clase de geometría de hoy ¿cierto?.

¡ Mortal ! - expresó el joven.

- ¿Entonces, amigo Ernesto, serás matemático, o tal vez un aburrido ingeniero como yo?. En un par de años estarás en la Universidad ¿Qué vas a estudiar?.

- Me gustaría llegar a ser médico. Quiero ayudar a los demás, y también quiero curarme yo. Padezco mucho de asma. No puedo hacer mucho deporte, porque me ahogo.

- Bueno, ser médico es una gran responsabilidad. Es una profesión muy sacrificada.

- Yo quiero ser útil al mundo. No quiero convertirme en esto, mirad - el muchacho extrajo de su bolsillo algo que parecía una piedra transparente de color pajizo, y me la tendió.

- Vaya, es una piedra de ámbar. Parece que dentro hay un mosquito…pobre, ahí quedó atrapado para siempre, en el tiempo - dije solidario.

- Exacto, Sr. Carbonell, atrapado en su tiempo y confinado en el espacio. Sin libertad y sin cambios. Yo no quiero vivir fosilizado en una gota de ámbar. Ahí dentro se está a salvo, seguro, confortable y protegido. Puede pasarla uno ahí dentro eternamente, y no enterarse de que hay más mundo, ajeno al ruido y al resto de seres. Yo quiero vivir vivo, no muerto dentro de mi gota de ámbar, como tanta gente que conozco. Y viajar, como usted, viajar por todo el mundo para ayudar a los pobres que no tienen ni para medicinas, ni para comer, ni para…

Interrumpí el discurso del muchacho:

- Es lindo lo que dices Ernesto. Pero si intentamos elevar demasiado la altura h por encima de nuestra altura real- le decía mientras señalaba con mi Parker el muñeco sobre la esfera del croquis- y sin mantener los pies en el suelo, creeremos asequible la lontananza infinita, pero será sólo el espejismo de un mundo inabarcable para la vida limitada de un sólo hombre. Es vertiginoso. Y tú, con tu asma, ya tienes bastante, chico. En cuanto a viajar, uno debe ser discreto. Los lugares siempre le cambian a uno, pero uno debería intentar no cambiar a los lugares - sentencié.
Acabé de un sorbo la yerba mate, refrescante pero también estimulante, sospecho que dije todo aquello bajo sus efectos. Ernesto me atisbaba con la mirada transparente, con el ceño fruncido, y claramente en desacuerdo.

- ¿ Ni siquiera debemos cambiar los lugares que están mal, con sufrimiento, con enfermedades y con pobreza?, ¿Usted cree que no deben ser cambiados?, ¿Por qué no esta usted luchando contra Franco, en su país, o contra los nazis en Europa, acaso es uno de ellos?.

- Ernesto, amigo, nuestro mundo entero es una enorme gota de ámbar de geometría escabrosa e imperfecta perdida en el Universo. El mosquito dormido dentro de esta gota de ámbar, a veces, percibe que fuera sólo hay vacío, y entonces desiste. Otros mosquitos luchan por salir, y acaban perdidos y solitarios en una superficie desierta. Y otros deciden esperar.

- ¿Esperar a qué, ingeniero?, ¿Acaso no lleva ya suficientes miles de años acá dentro?

- Mira, si esta piedra de ámbar la dejamos a la intemperie durante muchos, muchos años, la sola erosión hará que el mosquito se libere. Un amigo poeta me dio una vez este consejo: Sabe esperar, aguarda que la marea fluya—así en la costa un barco— sin que el partir te inquiete.Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; porque la vida es larga y el arte es un juguete. Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y, además, no importa.
Le devolví al joven su resina fósil.

- No, quedásela. Veo que a vos os es más apropiada- Ernesto envolvió la resina en el papel donde le había calculado la distancia del horizonte visible, y me lanzó el paquete- Vos sos como todos, señor Carbonell, un conformista de la clase media. Otro mosquito engañado y feliz en su gotita de ámbar, sin tomar partido por nada ni por nadie, salvo por el interés propio. Que le vayan bien sus negocios. Tengo que estudiar ahora, si me disculpa. Encontrará la Paisanita hacia el sur.

- Adiós Ernesto. Ha sido un placer conocerte. Espero que seas feliz. Guardaré este ámbar. Quién sabe, quizás algún día el mosquito logre escapar.

A los pocos días dejé en depósito la poderosa moto Norton al Sr. Guzmán, para que la vendiese años más tarde según mis calculadas instrucciones, y zarpé en un carguero con destino al puerto de Cádiz, siguiendo la misma derrota que el féretro del maestro Falla seguiría tres años después. Durante los doce días que duró el trayecto, tuve tiempo para componer y recomponer, una y otra vez, la nueva fórmula del jabón de afeitar para Gota de Ámbar, hasta dar con una que me pareció adecuada.
Nunca juzgué como casual que aquel muchacho rico de aventura me regalase aquella piedra de ámbar, en aquella mañana del verano argentino, como que la empresa catalana que me comisionó en este mágico viaje, contuviese el ámbar en su nombre. Tampoco creí mera coincidencia que veinte años después, en el 1967, siendo el año en que se fabricó el último lote de mi jabón, también muriera Ernesto, librando su última batalla en la selva boliviana; Che Guevara murió como vivió, libre y altivo, siempre desoyendo los exactos cálculos de la gente limitada, sobre la altura necesaria para alcanzar los horizontes imposibles.
……………........................

En 2019 se inauguró el Hotel Barcelona-1882, además de un bloque de edificios anexo, sobre un solar en la calle Córcega que Henkel Ibérica vendió por 15 millones de euros, tras derribar la antigua fábrica de jabones Gota de Ámbar SA. Esta empresa fue fundada en 1941, con un capital social de ocho millones y medio de pesetas, si bien Henkel, accionista desde 1954, finalmente consiguió la totalidad de las acciones en 1961.
En el traslado de la ingente documentación acumulada durante ochenta años, se consideró oportuno destruir todos los archivos relativos a productos cuya fabricación hubiera cesado por más de cincuenta años. Docenas de cajas fueron enviadas a incinerar y muchas otras se eliminaron como residuo urbano.
Una de estas cajas de archivo fue a parar a manos de un chamarilero que la vendió en el Mercado de viejo de los Encantes.
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Fantástica historia Frankincense.
No conocía el origen de Henkel Ibérica. Yo viví en el 465 de Córcega y era frecuente pasar por la sede de Henkel. Si no recuerdo mal ocupaba una manzana completa de la calle Corsega y era un edificio parcialmente restaurado que recordaba la época industrial en el interior de Barcelona, como así las cercanas y antiguas sedes de Myrurgia, Damm y también el Hospital Dos de Maig.
Es una pena que esa parte de la historia de una ciudad como aquella se pierda por el turismo, pero es cierto que la pela mana y la cercanía con la Sagrada Familia atraiga este tipo de actividad.

Por cierto, acabo de ver fotos del hotel, muy chulo, muy chic, pero no tiene mucho que ver con el entorno. A pesar de estar en Barcelona, esa zona tiene un poco de pueblo, con sólo 2 carriles en sentido Diagonaly hasta el 2013 con mucho negocio de barrio y también bares de los de toda la vida.
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   Frankincense
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#16

Bonita historia, que me hizo recordar una anécdota real, un día paseando por la calle Obispo en la habana, una mulata de rasgos africanos, le ofrece una camiseta de ese tal Ernesto a un madrileño, "ya viejo en Cuba" como le decían los busca vidas.

La mulatona le grita "asere un pulóver del Che" y este contesta también a viva voz, yo no compro una camiseta de ese genocida, la mulata pone cara de no entender nada e insiste "España un pulóver de recuerdo" el madrileño repite, que no compro nada de ese genocida, la mulatona se empieza a reír a carcajadas y dice "der que no chinga" el madrileño se empieza a reír también a carcajadas, mientras su mujer cubana asustada por las posibles consecuencias que el comentario de este madrileño podían traer, entre risas y tirado del brazo por su mujer se pierde por la Habana vieja sin parar de reírse.
___________________________
GRACIAS A TODOS
21/04/2020 - 9594 Users. 01/06/2020 - 9873 Users
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   Dr Dulcamara, Frankincense, superchicha
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#17

(01-05-2020, 16:06)Viala escribió: Bonita historia, que me hizo recordar una anécdota real, un día paseando por la calle Obispo en la habana, una mulata de rasgos africanos, le ofrece una camiseta de ese tal Ernesto a un madrileño, "ya viejo en Cuba" como le decían los busca vidas.

La mulatona le grita "asere un pulóver del Che" y este contesta también a viva voz, yo no compro una camiseta de ese genocida, la mulata pone cara de no entender nada e insiste "España un pulóver de recuerdo" el madrileño repite, que no compro nada de ese genocida, la mulatona se empieza a reír a carcajadas y dice "der que no chinga" el madrileño se empieza a reír también a carcajadas, mientras su mujer cubana asustada por las posibles consecuencias que el comentario de este madrileño podían traer, entre risas y tirado del brazo por su mujer se pierde por la Habana vieja sin parar de reírse.

Basado en hechos reales sin alguna duda.

Yo no tengo idea de nada y , además , puedo demostrarlo.
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   Viala
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#18

Bonita historia Paco. Próximo afeitado lo haré con el Gota de Carbonell.
Saludos
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   Frankincense
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#19

Que gran historia. Cada vez que pase por ahí recordaré este relato!
En boca cerrada no entra espuma
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   Frankincense
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#20

Pedazo de historia como de costumbre.
“Espero amb candeletes” el siguiente capítulo de la biografía de don Francisco Carbonell.
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   Frankincense
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