Yo estoy en un momento de paz espiritual afeiteril. Durante el último año he probado un montón de productos, seguramente muchos más de los que serían razonables. La mayoría me han gustado (casi siempre he comprado cosas dejándome asesorar por gente con más experiencia, en este foro y fuera de él), y en ocasiones he cometido errores (fundamentalmente, algunas brochas y las maquinillas monofilo, que no me van nada).
Pues bien, de lo que me he dado cuenta últimamente es de que esa ansia por probar cosas nuevas y por apuntarse a la penúltima moda (siempre hay otra más reciente) me impedía disfrutar como merece de lo que tengo. Y al final lo que tengo, aunque dista de pertenecer al grupo de lo más exclusivo (ninguna de mis brochas me costó más de treinta euros, ninguna maquinilla más de cien y ningún jabón más de quince, salvo un B&M que además no me convence), es coj... Me doy unos afeitados de escándalo con una gorrina de 15 euros o con una dos bandas de 13 dólares, con mis viejos jabones Razorock XXX o Tuscan Oud, con una crema Nivea, Lea o Speick, o -que se tapen los oídos los puristas- con un Proraso de mentol y eucalipto. Puede que ninguno de estos elementos pertenezca al tope de gama, y que la espuma no llegue a tener la calidad de la que hace el único B&M que tengo, pero todos ellos convierten el afeitado en una experiencia tan placentera que todos los días me acuesto pensando en el reverendísimo afeitado que me voy a dar el día siguiente.
Tengo siete maquinillas que me hacen disfrutar de afeitado, otras tantas brochas que me producen sensaciones casi pecaminosas al espumar en la cara, unos veinticinco cremas y jabones que son incomparablemente mejores que cualquier espuma o gel de bote de los que había probado en los treinta años anterirores, y after shaves de todo tipo y condición que me aplico cada vez como si fuera la última. Es un tremendo error no disfrutar de todo ello pensando en lo que falta, como sería un error estar compungido al volante de un Aston Martin porque no es un Lamborghini o un Ferrari. Así que yo, de momento (a ver cuánto dura), echo el cierre. Para disfrutar como un enano no necesito más que una Merkur 34C, una Semogue, una Lea mentolada y un chorretón de Osage Rub. Tengo suficientes elementos para rotar sin caer en la rutina, y jabones para gastar en los próximos siete u ocho años.
Lo que no voy a hacer (tal vez no haya llegado aún a esa fase de madurez) es volver a las multihojas. No tanto por ser multihojas como porque el peso y el tacto del metal me proporcionan sensanciones incomparablemente más placenteras que el plástico. Pero quién sabe lo que deparará el futuro.